
He recibido estos dias, correos en los que nos desean mostrar un Jesús triste, al comprobar que la Navidad supone para nosotros, comidas, reuniones familiares, viajes, regalos y un sin fin de despropósitos en los que casi por ninguna parte huele a la verdadera Navidad de Emanuel.
Ayer tuve la suerte de compartir la Eucaristía de las 9 en Santo Domingo, presidida por mi querido amigo Cesáreo. Puso todo su haber y poseer en transmitir a los presentes las necesidad de ayudar a los necesitados, concretamente a dos parróquias del Perú, El Agustino y otra que no me acuerdo, donde gracias a unas limosnas se están implantando escuelas, comedores y un proceso de dignificación para sus habitantes. A vista de pajaro aparecería la sensación de impotencia, pero con los pies en el suelo se puede apreciar el aprovechamiento de esos pequeños recursos que se les envian y la previsión de futuro con los que los administran.
Volviendo al corazón de Jesús; se me ocurre, que miramos tanto nuestros ombligos, que hasta nos hemos puesto como figuras principales en este belén que forma nuestra Navidad. Sin el mas mínimo ánimo de criticar o flajelar, deseo expresar ese sentimiento que me estuvo anoche acompañando durante la colecta de la misa.
Sentí que la verdadera tristeza de Jesús, podría estar en ver tantas vidas desesperadas, sin posibilidad de un cambio emancipado, con esas sonrisas que los rostros mas oprimidos son capaces de desgajar estre sufrimiento e impotencia. Esas personas que no tienen que comer y han de luchar para llegar al final del dia simplemente con vida, observando a sus seres queridos como tambien se debaten sencillamente en sobrevivir.
Entonces me pareció una triste ironía, estar pendiente de si mi corazón ha estado afinado con el verdadero espíritu navideño, si he tenido presente a Jesús en esas comidas, reuniones familiares y hasta donde sigo adornando mi vida con tanta sutileza espiritual.
Al final me acerqué a besar al niño y sentí como me miraba, sin tristeza, el sabe como soy y hasta donde llego, pero salí con un gran deseo de alargar esta Navidad durante todo el año 2009 para poder comprender esa tristeza de Jesús en su próximo cumpleaños, despues de haberla buscado y acompañado en la medida que me sea posible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario